Variedades contemporáneas

El veinte de julio de 1810, el Grito de Independencia

El veinte de julio de 1810, el Grito de Independencia El veinte de julio de 1810 era viernes y el reloj de la Catedral, en la Plaza Mayor, marcaba las 11.30 del día de frío santafereño.
El veinte de julio de 1810, el Grito de Independencia
El veinte de julio de 1810, el Grito de Independencia
La Plaza Mayor de Santa fe, que a partir de 1821 se denominaría Plaza de la Constitución y desde 1846, al erigirse la estatua de El Libertador, se llamaría Plaza de Bolívar,  permitía el sigiloso caminar de españoles, criollos, indígenas y mestizos, ese veinte de julio de 1810, día del Grito de Independencia. La Plaza mayor había sido trazada por los españoles. Estaba rodeada de casas coloniales, era la sede del mercado y tenía al centro una columna en madera que cumplía la función de rollo o picota para los castigos y constituía símbolo del poder del rey y sus representantes. En 1810 ya la picota había sido reemplazada por el “mono de la pila”, fuente de ornato donde seguramente los criollos se citaban para conspirar. Santa Fe de Bogotá al momento del “Grito de Independencia”
El veinte de julio de 1810, el Grito de Independencia
El veinte de julio de 1810, el Grito de Independencia
A comienzos del siglo XIX Santa Fe de Bogotá tenía alrededor de 30 mil habitantes. Éstos se movilizaban por doscientas manzanas, cuidándose de los perros, a pie y en el vehículo de la época: el caballo. Pagaban sus transacciones económicas en la unidad monetaria que era el castellano de oro y el peso, dividido en ocho reales. Además, disponían, los que disponían, de onzas, escudos y doblones. En esas doscientas manzanas ya se distinguían ocho barrios. Los historiadores y cronistas los listan señalando La Catedral, del Príncipe, del Palacio, San Jorge, las Nieves, oriental y occidental, San Victorino y Santa Bárbara. Posteriormente, La Catedral y el Barrio de El Príncipe, tomaron el nombre de La Candelaria. La gente “linajuda”, los españoles, se concentraban en la Calle Real y alrededor de la Plaza Mayor. Eran los únicos que tenían casa de dos pisos y, lógicamente, balcón. El veinte de julio de 1810, el Grito de Independencia, los santafereños no disponían de acueducto ni de alcantarillado. Los “bañaban” como se dice por ahí, cuatro ríos: Fucha, San Francisco, Arzobispo y San Agustín. Además, dos quebradas: Las Delicias y la Vieja. También disponían de chorros: Belén, Fiscal, Botellas y Padilla. En 1810, todavía había efectos del terremoto de 1805, el del 16 de junio. Aún las labores de reconstrucción se veían y se sentían. El veinte de julio de 1810, el Grito de Independencia Bogotá tenía más mujeres que hombres. Éstas eran el sesenta por ciento, lo que equivale a unas 18.000 hembras y, por lo tanto, unos 12.000 varones. Tocaban y escuchaban lo que podemos llamar la música de la independencia. Los tertuliaderos eran centros de desarrollo de nuevas ideas. Existía la Eutropélica, de Manuel del Socorro Rodríguez; la Del Buen Gusto, de Manuela Santamaría de Manrique y la de don Antonio Nariño, el Arcano del Universo, se dice que la Biblioteca  Pública contaba con más de veinte mil volúmenes. Las mujeres participaban activamente de estos proceso, a ellas las podemos llamar las mujeres de la independencia. Los dirigentes del Grito de Independencia En este ambiente se movían los criollos y jóvenes protagonistas del llamado “Grito de Independencia”.  Sus edades oscilaban entre los 26 años, caso de Antonio Morales y los 47 años, caso de José Miguel Pey. Don Antonio Morales, muchacho de 26 años, fue quien le pegó el puñetazo en el rostro al “chapetón” José González Llorente. Fue quien se prestó para que una vez dada la orden por Camilo Torres incendiara la situación. Morales había nacido en Santa Fe de Bogotá en 1784, hijo de Francisco Morales Fernández quien lo apoyó y, seguramente, le dio la segunda bofetada al chapetón. José María Carbonell había nacido también en Santa Fe de Bogotá y con sus 34 añitos, ya trabajaba en la Expedición Botánica, era ilustrado y racionalista y con formación científica al lado de Sinforoso Mutis, el sobrino de José Celestino Bruno Mutis, el gran sabio. Carbonell hizo agitación y llevó al pueblo a la acción. Antonio Villavicencio con sus 35 años venía de Quito, abogado, militar y quien estuvo al centro del suceso. José Acevedo y Gómez, de 37 años, abogado también fue quien agitó la consigna de “Cabildo abierto”, que luego se transformó en Junta. Camilo Torres, había nacido en Popayán  y con sus 44 años, en 1810, puso su capacidad oratoria al servicio de la causa. Con ellos Justo José Joaquín Camacho y José Miguel Pey constituyen ese grupo que estaba, históricamente llamado a dar el Primer Grito de Independencia y a quedar en la historia de la Revolución en Colombia. ¿Qué sucedió y cómo se dieron las cosas ese 20 de julio de 1810? Francisco Jose de Caldas Dejemos que sea Francisco José de Caldas quien nos lo cuente en su  apunte de su Historia de nuestra Revolución, publicado en el Diario Político de Santa Fe de Bogotá, 1811, Fondo Quijano Otero, Biblioteca Nacional. Veamos lo que dice: “DIA 20 de JULIO. Don José Llorente, español y amigo de los ministros opresores de nuestra libertad, soltó una expresión poco decorosa a los americanos; esta noticia se difundió con rapidez y exaltó los ánimos ya dispuestos a la venganza. Grupos de criollos paseaban alrededor de la tienda de Llorente con el enojo pintado en sus semblantes. A este tiempo pasó un americano, que ignoraba lo sucedido, hizo una cortesía de urbanidad a este español; en el momento fue reprendido por don Francisco Morales, y saltó la chispa que formó el incendio y nuestra libertad. Todos se agolpan a la tienda de Llorente; los gritos atraen más gente, y en un momento se vio un pueblo numeroso, e indignado contra este español y contra sus amigos. Trabajo costó a don José Moleda aquietar por este instante los ánimos e impedir las funestas consecuencias que se temían… Olas de pueblo armado refluían de todas partes a la plaza principal; todos se agolpaban al palacio y no se oye otra voz que “Cabildo Abierto. Junta”… A las seis y media de la noche hizo el pueblo tocar a fuego en la Catedral y en todas las iglesias para llamar de todos los puntos de la ciudad el que faltaba… Don José María Carbonell, joven ardiente y de una energía poco común, sirvió a la Patria, en la tarde y en la noche del 20, de un modo nada común: corría de taller en taller, de casa en casa; sacaba gentes y aumentaba la masa popular; él atacó a la casa de Infiesta, él lo prendió y él fue su ángel tutelar para salvarle la vida. Carbonell ponía fuego por su lado al edificio de la tiranía, y nacido con una constitución sensible y enérgica, tocaba en el estusiasmo y se embriagaba con la libertad que renacía entre las manos…”.            

Acerca del autor

Lizardo Carvajal Rodríguez

Escritor colombiano, autor de más de veinte títulos en las áreas de metodología de la investigación, teoría tecnológica, historia y clasificación de la ciencia, poética y teoría solidaria y cooperativa.

Docente universitario en la Universidad Libre y en la Universidad Santiago de Cali, por más de treinta años en áreas relacionadas con métodos de investigación, métodos de exposición, clasificación e historia de la ciencia.

Editor académico y científico de obras de autores universitarios, grupos de investigación e instituciones de nivel superior y de autores independientes en Colombia, a través del proyecto Poemia, su casa editorial, Colombia si tiene quien le escriba y promotor de las mesas de redacción como estrategia de producción de textos.

5 de comentarios

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  • MUY INTERESANTE EL ARTICULO PROFESOR, LAS CLASES HAN SIDO BASTANTE GRATIFICANTES Y ENRIQUECEDORAS EN TÉRMINOS DE APRENDIZAJE. DIFERENTE A LA MAYORÍA DE ASIGNATURAS, QUE SOLO SE PREOCUPAN POR LA NOTAS, SIN IMPORTAR SI EL ESTUDIANTE APRENDIÓ O NO.

  • Gracias por tu aporte sobre esta reseña histórica des afortunadamente muchas

    cosas de nuestra historia se desconocen y parece que cada día importan menos,algunas asignaturas como la historia, la cívica y Urbanidad solo se fusionaron, quitándole tiempo e importancia y cada día se seguirán perdiendo otras que realmente contribuyan a la formación del ser humano como ser social.

  • Gracias por tu investigación sobre esa reseña tan interesante del grito de independencia.Lastimosamente hoy en día ya no se da la importancia que antes tenían ,asignaturas como:historia, cívica ,urbanidad que tanto aportan a la formación del ser humano como ser social.