Variedades contemporáneas

La ceiba de Timaná o el Árbol de la Libertad

ceiba de Timaná

Arribar el pasado 26 de diciembre de 2015 a Timaná era un deseo reprimido durante 18 años. Mi familia, el territorio, los ríos y los árboles llamaban al re-encuentro.

Al llegar a esta tierra, cuyo nombre se nutre del sonido de los metales, aparece inmenso, poderoso el Árbol de la Libertad: La Ceiba. Allí está en el parque, frondosa, llena de ramas y de años. Llena, claro está de futuro.
Las más de veinte mil personas que habitan Timaná llevan la Ceiba en su conciencia. Es su punto de referencia, es como el corazón floreciente y verde de su espacio. Es, también, la posibilidad de remitirse en el tiempo a la historia. La Ceiba, la coloco así, con mayúscula, habita en la cultura de toda esta gente buena.
Los viajeros y visitantes nutren su mirada, sus cámaras y su admiración con la geometría de la Ceiba. El paisaje que provoca este árbol, de más de cincuenta metros de alto y de más de ochenta de diámetro entre sus brazos, impide la indiferencia, con las ramas de la sombra. Nadie puede quedar indiferente ante esta ceiba pentandra, del orden malvales y de la familia de las malvaceae.
La ceiba de Timaná está plantada dentro de la tradición y el territorio del Árbol de la Libertad.
Esta idea proviene de la Revolución francesa. Efectivamente la siembra simbólica de un árbol representaba el nacimiento de un nuevo Estado social. En Paris, frente a la iglesia de Saint Hervé Saint Protais, en medio de una plaza pequeña, rodeada de edificios típicos parisinos, está plantado este árbol.
No es un árbol cualquiera. Es lo que se llama El Árbol de la Libertad. Este árbol fue plantado en 1789, año de la Revolución francesa. Quienes allí lo plantaron pensaron en el bien más precioso de la Humanidad: La Libertad. Se plantó para recordarle a los franceses el acto revolucionario que derrocó la injusticia medieval y la monarquía opresora. Así, también, para indicar que el futuro tiene que ver con la conciencia del hombre sobre la realidad, es decir, con la Libertad.

ceiba de Timaná
 ceiba de Timaná

Humberto Montealegre Sánchez, importante intelectual huilense, liga el concepto de Árbol de La Libertad, al movimiento de Independencia de nuestra Patria. Dice Montealegre en artículo especial para La Nación:

“Tras el movimiento de la Independencia en la Nueva Granada de 1810, Nariño recoge las banderas de la revolución francesa, retomando el símbolo del Árbol de la Libertad, junto con la traducción y divulgación de los Derechos Humanos.

El 29 de abril Nariño, en la plaza mayor de Santafé, sembró un arrayán. La Gazeta Ministerial de Cundinamarca de mayo 20 de 1813 proclamaba que “Los habitantes de Cundinamarca que siempre han detestado la tiranía y el despotismo, (…) no habían tenido hasta ahora la satisfacción de haber levantado el Árbol (…).que simboliza la libertad, (…)”.-Cita Montealegre.

Continúa Humberto Montealegre Sánchez:
“La siembra del árbol se extendió por las poblaciones de la provincia de Tunja y Cundinamarca, del que Neiva para esa época hacía parte. En La Plata el clérigo Inocencio Valencia siembra en la plaza pública el Árbol de la Libertad, a finales de 1813.

En medio de ese fervor, muy probablemente, el vecindario de El Gigante, orientado por su párroco Pedro Joseph María de la Borda y Polanco, tomó la decisión de sembrar la ceiba hacia finales de 1813. Pedro Joseph María había liderado el cabildo abierto de la Villa de Timaná, en Garzón, cuando en 1810 se aprobara su propia Constitución.

No hay que olvidar que Nariño en su trayecto de la “Campaña del Sur”, tendiente a reconquistar a Popayán y pretender someter a la realista Pasto, arribó a La Plata el 27 de octubre de 1813. Se infiere que Nariño estableciera conversatorios con el vecindario y parroquias circunvecinas, tertulias en las que participara probablemente el párroco de la Borda y Polanco, que siendo oriundo de La Plata, anhelaba la libertad republicana. Allí Nariño debió sugerir la idea de sembrar los árboles como símbolo de independencia.

Nariño, en 1820, prisionero en Cádiz, añoraba aquellos espacios, cuyos árboles se esparcían en las plazas públicas, según lo da a conocer en carta a Francisco Antonio Zea: Cuánto diera porque a la sombra de un ceibo o un aliso garláramos quince días seguidos sobre las cosas de la patria, economía, política y constitución (…).”
Así, pues, es posible darle a tan hermoso árbol un sentido histórico y un sentido simbólico. Es posible generar la hipótesis de que la Ceiba de Timaná linda en los doscientos años. Que fue plantada en los tiempos en que se plantó su hermana, la ceiba de Gigante. Que ha hecho presencia en los aconteceres de los últimos doscientos años de la vida de nuestra gente. También es bueno indicar que el símbolo, que seguramente se intenta perder, es el de la Libertad. Que este bien cultural de la Humanidad está presente en las verdes hojas de este árbol de los ancestros.
Claro que la Ceiba de La Libertad, de Timaná, no está sola en el panorama de América. La acompañan muchas otras que elevan sus ramas en plazas y parques de Otraparte, como diría el maestro Fernando González. En Guatemala es el Árbol Nacional, desde 1955 y honra los símbolos mayas. Este país se cuenta, también, con la Ceiba de Palín, con más de cuatrocientos años y El Petén con más de doscientos. En Caracas está la Ceiba centenaria frente a la iglesia de San Francisco. También es el árbol Nacional de Puerto Rico.

ceiba de Timaná
 ceiba de Timaná, Lizardo Carvajal

En la Literatura la ceiba tiene múltiples referencias. El gran capoquero, libro de Lynne Cherry nos presenta la historia de una gran ceiba o árbol de kapoc brasileño, en el cual viven y prosperan una gran cantidad de animales y especies que dependen del árbol que a todos los acoge. Muchos de los distintos animales que moran en este enorme árbol del bosque lluvioso de Brasil, deben convencer a un hombre, un leñador y su hacha, para que no corte el árbol por el daño que puede causarles tal acción. La ceiba de la memoria, el libro de Roberto Burgos Cantor, es un delicado acercamiento a la esclavitud en nuestro continente, que tiene lugar en la Cartagena de Indias del siglo XVII, ciudad natal de su autor. Se cuenta que José Eustasio Rivera escribió gran parte de La Vorágine bajo una frondosa ceiba en Orocué.
La ceiba, como árbol de los ancestros americanos lleva consigo muchos mitos y leyendas. Entre los mayas es el árbol sagrado. En el Popol Vuh identifica los puntos cardinales, cuando los dioses creadores sembraron en cada punto una ceiba de diferente color. Al Oriente la ceiba roja, al Oeste la ceiba negra, al Sur la ceiba amarilla y al Norte la ceiba blanca. Los ticuna conciben que el río Amazonas nace de una ceiba. Es decir de ella nace la vida.

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¿Habrá razones para respetar y querer este bello árbol? Sí las hay.

La principal razón es que podemos llamar Árbol de la Libertad a la ceiba de Timaná. Sabemos que está emparentada con todos los Árboles de la Libertad que hoy respiran en el Mundo.

Acerca del autor

Lizardo Carvajal Rodríguez

Escritor colombiano, autor de más de veinte títulos en las áreas de metodología de la investigación, teoría tecnológica, historia y clasificación de la ciencia, poética y teoría solidaria y cooperativa.

Docente universitario en la Universidad Libre y en la Universidad Santiago de Cali, por más de treinta años en áreas relacionadas con métodos de investigación, métodos de exposición, clasificación e historia de la ciencia.

Editor académico y científico de obras de autores universitarios, grupos de investigación e instituciones de nivel superior y de autores independientes en Colombia, a través del proyecto Poemia, su casa editorial, Colombia si tiene quien le escriba y promotor de las mesas de redacción como estrategia de producción de textos.

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