La escritura

¿Dónde y cómo nacen las ideas para la escritura?

¿Dónde y cómo nacen las ideas para la escritura? Las ideas para la escritura nacen de pronto, causalmente, por algo. Surgen de las cosas y de las casas, de la lluvia o del el viento. Están en el ronroneo diario de los motores y en el silencio monocorde de los enamorados. Se precipitan donde menos lo esperas. En la calle, al pasar el autobús; en la mesa, al masticar el pan de harina eterna; en la cama, al soñar el tiempo de todos los amaneceres. Así surgen las ideas para la escritura. En fin… las ideas para la escritura llegan y, casi siempre, atrapan nuestra  admiración. También pueden llegar por el azar. Nacer casualmente, como cuando levantas la mirada hacia los cielos y una estrella fugaz, justamente en el instante apropiado, alberga la distancia de las circunferencias celestes. Se precipitan, aunque no las esperes. Vienen de ese territorio donde la ley es lo casual. Es el cruce de millones y billones de probabilidades de encuentro. Ahí están y hay que tener las antenas puestas. ¿Cuáles antenas? La observación, la experimentación y la reina de la caza de ideas: la admiración. La admiración, el volver a mirar algo resume el espíritu investigativo, poético, de todo escritor, de todo poeta, de todo investigador, de todo maestro, de todo profesional, de todo ser que quiera asir el pensamiento en la escritura. A veces llegan y se van, esas caprichosas ideas para la escritura. Son como esos amores contingentes, esos amores que pueden ser o no ser. Pero otras veces llegan y se quedan. Son como esos amores existenciales, esos amores  sartreanos, cuya existencia no la rompe ni el tiempo. “En 1939, cuando Pablo Neruda llega a vivir a Isla Negra, las ´portentosas presencias de piedra’ que rodean su diaria existencia pasan a incorporarse a su ser como algo personal y definitivo” nos cuenta Eulogio Suárez, en su bello libro Neruda Total. “Los gigantescos seres pétreos – continúa Suárez – comienzan a adquirir vida ante sus ojos, hasta comunicarse con él ‘en un lenguaje ronco y mojado, mezcla de gritos marinos y advertencias primordiales’. El poeta fue, paulatinamente, descifrando aquel lenguaje, hasta hacerlo suyo. Con el tiempo, esas presencias adquirirían  la forma de poemas y tendrían un nombre: Las piedras de Chile”. Neruda, en Algunas palabras para este libro de piedra, comenta que durante más de veinte años, este “libro pedregal” estuvo sólo como una idea. Debió esperar, pues sus errancias lo llevaban por otros caminos, ya de tierra, ya de  mar, ya de viento; ya de gente. Pero ahí estaba la idea, fruto de la observación, de la intromisión en la piel áspera de los tiempos de las rocas; de la experimentación y de esa condición del poeta: la admiración. Sin ésta no habría conocimiento, no habría escritura. Asimismo, nacen las ideas para la escritura del maestro. Están en el pupitre del alumno, saludando el tiempo de la espera; en la fórmula y en el algoritmo, camino de los hechos. En fin, las ideas para la escritura están en el cotidiano concierto de la clase hecha con amor.

Acerca del autor

Lizardo Carvajal Rodríguez

Escritor colombiano, autor de más de veinte títulos en las áreas de metodología de la investigación, teoría tecnológica, historia y clasificación de la ciencia, poética y teoría solidaria y cooperativa.

Docente universitario en la Universidad Libre y en la Universidad Santiago de Cali, por más de treinta años en áreas relacionadas con métodos de investigación, métodos de exposición, clasificación e historia de la ciencia.

Editor académico y científico de obras de autores universitarios, grupos de investigación e instituciones de nivel superior y de autores independientes en Colombia, a través del proyecto Poemia, su casa editorial, Colombia si tiene quien le escriba y promotor de las mesas de redacción como estrategia de producción de textos.

5 de comentarios

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  • Y… de las clases con amor aquellas que se pueden sentir tan pocas veces, aunque hayas estado en el tablero cientos de veces, esas clases que estimulan por un hecho simple y común como el verde de los árboles, ese amor que irradia el carisma, humildad y sencillez de una persona que con su calidez y luz es como el faro en el camino para cientos de estudiantes, que al buscar el
    sendero del conocimiento encuentran barreras hechas de egos que en vez de dirigirte como el faro al navegante llegan como la ola que derrumba la barca, esa luz que trasmite usted con sus palabras como palomas al viento que tienen la capacidad de transportar ese alumno inquieto a veces un poco desilusionado, pero con la firme convicción de que en el arduo camino estarán angeles resguardados detrás de unos anteojos en los cuales se esconde una luz única que trasmite la verdadera esencia de las personas que con satisfacción pueden decir que han cumplido la misión por la cual fueron enviados.

  • “También pueden llegar por el azar. Nacer casualmente, como cuando levantas la mirada hacia los cielos y una estrella fugaz, justamente en el instante apropiado, alberga la distancia de las circunferencias celestes.” – Carvajal, L.
    Un artículo inspirador que se queda en el lector porque fue escrito con pasión. Gracias.