Tipos de lectura

En anterior artículo hemos respondido la pregunta qué es la lectura. Nos hemos detenido en caracterizarla y establecer las bases para entender el proceso que denominamos comprensión lectora.

Ésta, la comprensión lectora ejercida por un sujeto de lector, requiere además tipificarla. Responder la pregunta qué tipos de lectura podemos practicar.

Tipos de lectura

Tipos de lectura

Son tantas las “tipologías” presentadas en documentos en papel y en la Web que el lector puede quedar absorto, pasmado y turulato. Sobre todo porque esas clasificaciones o tipologías no parten de rigurosos criterios que aclaren el papel del sujeto lector. Sólo se refieren a manifestaciones externas del proceso de comprensión lectora.

Se habla, por ejemplo, de lectura mecánica, indicando que es la lectura no comprensiva; de lectura literal, cuando hay una comprensión superficial del contenido; de lectura oral, cuando se hace en voz alta; lo contrario, de lectura silenciosa; de lectura reflexiva y de la lectura que requiere lectódromos, la lectura rápida. Así sucesivamente.

En el presente artículo esbozaremos un criterio diferente. Partiremos de la postura del sujeto lector. Es decir, nos interesa la actitud y la posición del sujeto lector, entendida como orientación frente al texto.

Podemos descubrir, entonces, dos sencillos tipos de lectura. La que podemos llamar espontánea y la que denominaremos metódica o científica.

La lectura espontánea

Al tipo espontáneo de lectura corresponden todas aquellas actitudes y situaciones de lectura en la cuales las condiciones externas dominan al lector. En las que éste no define ni determina elementos claros de objetivación del acto de leer.

Son muchos los ejemplos que podemos presentar de situaciones espontáneas de lectura. Cuando el lector, no podemos hablar de sujeto lector, lee la publicidad que lo ataca por todos los costados; cuando el miembro de la red social recorre las noticias, titulares y avisos que los demás miembros publican; cuando sólo hojeamos y ojeamos un libro o revista.

A este tipo de lectura concierne la lectura indiscriminada, no intencional que se hace de un documento escrito.

Lectura metódica

La lectura metódica o de orientación científica, involucra todas aquellas formas y situaciones de lectura, en las que el sujeto lector controla las condiciones y actúa en relación con unos resultados, con unos objetivos y metas.

Por ello, la lectura metódica o científica requiere unas características y condiciones imprescindibles que, si bien no reemplazan el proceso cognoscitivo, están articuladas a él en función de un resultado de óptimas calidades.

La lectura metódica es conceptual y planificada

Ello nos indica que este tipo de lectura o comprensión lectora, posee por lo menos dos propiedades del método: la previsión o planeación y la conceptualización.

Mediante la planeación, la lectura metódica o científica resuelve el problema de su “por qué” y su “para qué”. Es decir, resuelve y explica su necesidad y sus objetivos. Mediante la conceptualización, el lector logra asumir una posición crítica, independiente y objetiva frente al mensaje que se quiere transmitir y, a su vez, comprender o interpretar.

Su carácter metódico hace de este tipo de lectura una actividad productiva, que genera nuevos resultados textuales e intelectuales. El sujeto lector es convierte en un productor de ideas respecto al texto, es activo en el proceso de comprensión lectora. Es ante todo un crítico.

 La lectura es lectura dirigida

A diferencia de la lectura espontánea, la lectura metódica o científica resuelve el problema de sus objetivos, sus propósitos y metas, con anterioridad a la acción de leer y no después. Ello, claro está,  no significa que con posterioridad al acto lector, no puedan presentarse nuevos objetivos.

Consideramos que el lector, en un nivel científico, debe fijar unas metas y unos objetivos en el marco de un plan. Es lo que llamamos dirección en la lectura.

La lectura metódica es lectura registrada

Entendemos por registro, el mecanismo mediante el cual una información se conserva tanto en el tiempo como en el

espacio. El cerebro, por su propiedad de registro o almacenamiento de la información, logra conservar buena parte del conocimiento recibido por vía de la lectura. Sin embargo, para efectos de una lectura técnica y densa en información, el registro cerebral no es suficiente. Debemos recurrir entonces, a las diversas técnicas de registro de la lectura, esto es que el lector metódico debe disponer de una teoría y una práctica sobre la toma de apuntes.

En la presente exposición, consideraremos medios intelectuales y medios físicos o materiales de registro de la lectura.

Los medios intelectuales de mayor importancia en la conservación de la lectura son el apunte o nota y el subrayado.

Los medios materiales son múltiples, pero resaltamos la importancia del cuaderno de apuntes, la libreta, las hojas para legajar y la ficha de apuntes, en papel o en cualquier sistema informático.

En lo que se refiere al carácter registrado de la lectura, pensamos que su calidad se liga, precisamente, a la calidad del registro. O sea, que a un buen registro corresponde una buena calidad de la lectura y que, a su vez, la lectura será más provechosa y productiva en la medida en que su registro sea más completo, coherente y objetivo.

Cuando planteamos que la lectura científica debe ser registrada, estamos señalando que debe hacerse escribiendo. O diríamos, en otros términos, que la escritura constituye un auxiliar insustituible en el proceso de comprensión lectora.

Comprendiendo la importancia que el registro tiene en el proceso de la lectura, se comprenderá la importancia del apunte o nota, lógicamente, del subrayado; elementos estos frecuentemente olvidados, por “cotidianos” o “insignificantes”.

 

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